En torno a la Fotografía

Tomado de la Revista Lápiz: Los festivales de Fotografía a examen: una mirada critica de José Gómez Isla

(Extractado por Marta Luz Uribe)

 

 

En la década de los setenta, la fotografía necesitaba ser reivindicada como disciplina artística por derecho propio, poseedora de un discurso independiente y autónomo.  En esa época existía un trato discriminatorio para con la fotografía con relación al resto de las artes visuales, no solo por la carencia de exposiciones, sino también por la escasa bibliografía existente y ausencia de estudios críticos.

 

En la actualidad, el escenario cultural ha cambiado ostensiblemente.  Basta con dar un vistazo a las ultima ediciones de festivales y encuentros internacionales de arte contemporáneo para darse cuenta del protagonismo cada vez mayor de la fotografía y los medios audiovisuales en el discurso estético contemporáneo.

 

Esto se logró gracias a la labor de los festivales de fotografía, quienes adoptaron la posición de salvar la creación fotográfica como medio expresivo con entidad propia.  Esto llevó a que un número cada vez mayor de artistas plásticos, que aun sin considerarse genuinamente fotógrafos, hayan asumido la práctica fotográfica como un medio expresivo más, para materializar sus creaciones a través de un lenguaje multidisciplinar y una técnica cada vez más versátil.

 

Sin embargo, los festivales de fotografía deben evolucionar de su posición de defender la fotografía como disciplina autónoma, en donde se empeñan en seguir sosteniendo una postura radical y purista respecto al medio fotográfico, donde no permiten que éste invada o sea invadido por otros ámbitos e innovaciones plásticas, pues esta postura le está negando a la fotografía su posibilidad de crecer y evolucionar.

 

Se hace pues imperativo un análisis critico del medio fotográfico, es decir un estudio que contemple el nuevo caldo de cultivo donde el mestizaje y la hibridación han pasado  a convertirse en el sustrato de toda creación artística contemporánea.

 

El creciente protagonismo de la imagen digital ha pasado a reunir sobre un mismo soporte tecnológico diversas propuestas que hasta ahora habían sido difícilmente combinables entre sí, como la fotografía, el cine, la escultura o el dibujo.  Y todo ello mediante diversos sistemas de captura, de conversión de imágenes analógicas a digitales, de manipulación de las tradicionales imágenes de registro.  Esto  ha llevado, entre otras cosas, a poner en tela de juicio el crédito notarial del que había gozado el medio fotográfico en su faceta documental.

 

El estado actual se puede definir como  la era post-fotográfica, en donde hay que aceptar que el lenguaje fotográfico, como todo lenguaje, es vivo y esta creciendo.  Hay que aceptarle su derecho a reinventarse y a cuestionarse sus propios postulados teóricos y estéticos.  Que sentido tiene limitar la fotografía a sus principios técnicos tradicionales, donde la visión se torna tan reduccionista que solo se aceptan aquellas propuestas que parten del registro directo de la cámara (la straight photography)?

 

Si bien la batalla de situar a la fotografía en su campo propio dentro del  escenario artístico ya se ganó, ahora hay que liberarla de su visión reduccionista que separa radicalmente lo que es fotográfico de lo que no es.  Estamos en un momento crucial en la fotografía, que se asemeja al que tuvo la pintura en el momento en que  la fotografía ocupo su lugar en el hecho de reflejar la realidad.  En ese momento la pintura se pudo liberar y tomar otros caminos.  En este momento, la fotografía, con  la introducción del video y de todos sus adelantos digitales, se puede liberar y servir como soporte tecnológico en el campo creativo. 

 

De ahí el papel protagónico que juegan los festivales de fotografía, los que deben dar lugar a desarrollar una amplia labor de investigación en la redefinición histórica  y en el papel que juegan los creadores fotográficos.